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El out 27

El out 27

Terminaron los Juegos Olímpicos de Beijing y con ellos queda la incertidumbre acerca del regreso del béisbol a las citas estivales.
Lamentablemente Cuba no pudo ganar en la última incursión bajo los cinco aros a pesar de disputar el título por quinta ocasión, único país capaz de tal hazaña, y de jugar sus peloteros con gran entrega y amor a la camiseta.
Corea del Sur se llevó la medalla de oro y demostró de principio a fin que fue el mejor equipo del torneo, único invicto con par de victorias ante Cuba, y alejando los fantasmas que privaron al país asiático de la final del primer Clásico Mundial.
Los amantes de la pelota en la Mayor de las Antillas, que constituyen la mayoría del pueblo de por sí, ese al que siempre se le dedica el triunfo, vieron desde la conformación misma del equipo que la tarea de agenciarse la cuarta corona olímpica pendía de un hilo muy fino.
La calidad de los rivales, así como una polémica selección de los atletas que nos representarían se esgrimieron como los principales escollos del elenco que comandó Antonio Pacheco.
Tanto uno como otro elemento mostraron su validez en la capital china, parecía como si el mismísimo García Márquez reencarnara a Santiago Nasar, el malogrado protagonista de Crónica de una muerte anunciada en el equipo Cuba.
Hace un año Guerrillero publicó un comentario titulado “Los Intocables” sobre la inamovilidad de algunos peloteros del elenco criollo tras la derrota en la final del Campeonato Mundial que se efectuó en Taipei. Ahora en el 2008 la sequía de triunfos grandes se mantiene para la tristeza de los aficionados.
También en noviembre de 2007 Antonio Pacheco le comentó a Damián D`Averhoff, periodista de Bohemia, acerca de algunas valoraciones en torno a la integración de los equipos Cuba.
Del rendimiento dijo lo siguiente: “¿Qué importancia tiene el rendimiento en la Serie Nacional y por qué luchan nuestros atletas? Es bueno recordar que el mayor deseo de un deportista es representar al país. Si no lo reconocemos no respetamos el esfuerzo de estos, quienes dedican muchísimas horas al entrenamiento y permanecen alejados de sus familiares”.
Más adelante se refirió a la inestabilidad en algunas posiciones dentro del equipo, específicamente la segunda base: “Afortunadamente, está Héctor Olivera. Sin embargo, no hizo el grado para los Panamericanos porque un jardinero, que no jugó un solo partido en el campeonato nacional en esa posición, ocupó el puesto. Creo que eso fue una falta de respeto para los 16 jugadores que defendieron la intermedia durante la campaña regular. Así es difícil hablar de estabilidad”.
Nadie duda de la capacidad de Pacheco como manager y mucho menos de su lealtad y calidad mostrada dentro y fuera de los terrenos, pero el cuerpo técnico que estuvo en Beijing no se hizo eco de las declaraciones anteriores.
Por ejemplo: De los 10 mejores bateadores en promedio ofensivo de la 47 Serie Nacional solo tres fueron a la cita estival, y uno de ellos, Yohandri Urgellés, apenas empuñó el madero en una ocasión.
De los 10 mejores jonroneros en la referida serie únicamente tres viajaron a Beijing, y uno de ellos, Yulieski Gourriel, jamás sobrepasó las cercas de los estadios chinos.
¿Es un equipo de hombres o de nombres?
En cuanto a jugar posiciones no acostumbradas en el clásico cubano, tanto Gourriel como Olivera lo hicieron como titulares en los Juegos Olímpicos en segunda y primera, respectivamente.
¿Nadie lo notó? Por supuesto que sí. ¿Se olvidó Pacheco de sus argumentos anteriores? Pensamos que no.
De las cosas que más llamó la atención en la olimpiada estuvo la falta de motivación en el banco cubano y la constante reunión alrededor del manager de cuanto técnico o jugador quisiera opinar, sin embargo al resto de los mentores se les veía solos meditando en busca de la victoria.
Muchos hablan de las estrategias a seguir en la competencia, que si hubo que usar a Malleta, que si trajeron a Lazo muy rápido por no confiar en el bullpen y no sé cuantas cosas más.
Si Yulieski hubiera conectado un doble la historia de hoy fuera otra y no se comentara tanto la derrota, quizás si otras cosas a mejorar, pero con el oro en la mano muchos estuvieran celebrando.
Pero Yulieski no bateó doble y el oro nunca llegó.
Los peloteros y entrenadores querían ganar y lo dieron todo pero no les alcanzó.
A partir de ahora no se sabe si la pelota regresará a los Olímpicos por lo que el Clásico Mundial pasa a ser la principal competencia del deporte nacional.
Para realizar un buen papel en el mismo ante rivales más poderosos debemos ofrecer más autonomía a los managers, dejarlos decidir a ellos, que se responsabilicen con los éxitos y  las derrotas, que escojan con libertad su cuerpo técnico y peloteros para la competencia.
Beijing demostró que la Serie Nacional si demuestra quien batea en cualquier lugar, sino preguntárselo a Bell, Olivera y Despaigne.
El doble play de Yulieski marcó el fin de un ciclo dentro del equipo Cuba, le llegó el adiós de la selección nacional a varios jugadores que nos dieron glorias pasadas.
Es la hora de los Bell, Despaigne, Céspedes, Urgellés, Mujica, Olivera, Peraza y otros que exigen a gritos su lugar en la historia del equipo Cuba.
Y repito equipo Cuba porque aunque nuestras selecciones de voleibol femenino, baloncesto o cualquier otro deporte colectivo llevan las mismas letras en su uniforme todos saben que cuando se dice equipo Cuba estamos hablando del equipo de pelota.
Nuestro pueblo así lo reconoce porque lo ama, lo disfruta y lo padece como ningún otro, por eso no se le puede pasar gato por liebre a la hora de hablar de pelota.
Y por eso confía en que la derrota de Beijing no es el out 27 del equipo Cuba. Otros torneos esperan a ser conquistados.

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